18 ago 2010

Vivir

[...] Unos dicen que es preciso vivir para dios, para la ley, para el bien y para la justicia; es decir, para una abstracción indefinible, que varia según las épocas o el grado de cultura de las colectividades o los individuos; una abstracción invisible, impalpable; fantasma creado por la imaginación del hombre y en cuya presecución la humanidad se agota en vanos esfuerzos.

Otros han afirmado que era preciso vivir para la humanidad, el medio humano, el conjunto social y así los hombres han llegado a hacer abstracción de todo cuanto tendía en ellos a desarrollarse separada y aisladamente, depositando cuanto eran y cuanto tenían en el altar del contrato social. La coacción universal acabó con el último vestigio de la iniciativa personal, convirtiendo a los hombres en súbditos, ciudadanos y miembros de las sociedades, sin que en tal situación nadie se considere más dichoso.

Muy pocos son los que han proclamado que es preciso vivir por vivir para llenar sus funciones de bípedo dotado de inteligencia y de sentimiento, capaz de analizar las emociones y de catalogar las sensaciones.
Vivir por vivir sin más; vivir para trasladarse de una parte a otra; para apreciar las experiencias intelectuales y morales; para gozar; para satisfacer las necesidades del cerebro o la voz de los sentidos. Vivir para adquirir sabiduria, para luchar y formarse una individualidad franca; para amar; para coger las flores de los campos y los frutos de los árboles. Vivir para producir y consumir; para sembrar y recoger para cantar al unísono con los pájaros y para disfrutar del sol tendidos sobre la arena de la playa.
Vivir por vivir, para gozar intensamente de cuanto nos ofrece la vida, apurando hasta la última gota de la copa de delirios y sorpresas que la vida guarda a quienes han adquirido conciencia de que existen. ¿Es que esto no vale por todo el fárrago de metafísicas religiosas o laicas? [...]

19 jun 2010

Sueño de una noche de verano

Poco a poco los pies se empiezan a hundir. La arena esta fria. Despues de hacer su trabajo, el sol ya descansa y es la luna la que en este momento ilumina la playa.
El mar, que ha estado todo el dia jugueton, es ahora un bebe dormido que ronca con la inocencia que solo puede tener un niño, y ni siquiera las olas rompen con fuerza al llegar a la orilla. Se podria decir que incluso lo hacen con miedo.
En el horizonte se ve una luz.
Cuando llega a su altura, se sienta a su lado. No se miran. Los dos tienen la mirada perdida en aquel punto amarillo. Lleva todo el dia esperando este momento, y ahora sólo se le ocurre decir: "Hace buena noche, eh".
El ruido de la gente que pasea por la zona salva ese silencio incómodo, que solo podría romperse de aquella manera: "Tengo maria, ahora nos hacemos uno".
Empiezan a debatir cosas tan importantes como qué será aquella luz, cuantos granos de arena estarán bajo sus pies, o cuantos locos estarán dispuestos a enamorarse.
Sin darse cuenta de lo efímero del tiempo, se plantan en la madrugada.
El punto empieza a desaparecer, engullido por el mar, ante su confusa mirada, animada ademas por aquella dama verde.
El último paseante de la noche toma el camino de vuelta a casa, y es en este momento cuando solo quedan tres.

La luna, que se ha visto en muchas de estas, se tapa los ojos y esboza una leve sonrisa.

Creyendo que es fruto de su imaginación dominada por aquellos humos, decide no hacer caso a lo que acaba de ver.
Entonces vuelve de su letargo cuando ella se le acerca y le susurra al oido. "Dame un beso. La luna no dirá nada"