Poco a poco los pies se empiezan a hundir. La arena esta fria. Despues de hacer su trabajo, el sol ya descansa y es la luna la que en este momento ilumina la playa.
El mar, que ha estado todo el dia jugueton, es ahora un bebe dormido que ronca con la inocencia que solo puede tener un niño, y ni siquiera las olas rompen con fuerza al llegar a la orilla. Se podria decir que incluso lo hacen con miedo.
En el horizonte se ve una luz.
Cuando llega a su altura, se sienta a su lado. No se miran. Los dos tienen la mirada perdida en aquel punto amarillo. Lleva todo el dia esperando este momento, y ahora sólo se le ocurre decir: "Hace buena noche, eh".
El ruido de la gente que pasea por la zona salva ese silencio incómodo, que solo podría romperse de aquella manera: "Tengo maria, ahora nos hacemos uno".
Empiezan a debatir cosas tan importantes como qué será aquella luz, cuantos granos de arena estarán bajo sus pies, o cuantos locos estarán dispuestos a enamorarse.
Sin darse cuenta de lo efímero del tiempo, se plantan en la madrugada.
El punto empieza a desaparecer, engullido por el mar, ante su confusa mirada, animada ademas por aquella dama verde.
El último paseante de la noche toma el camino de vuelta a casa, y es en este momento cuando solo quedan tres.
La luna, que se ha visto en muchas de estas, se tapa los ojos y esboza una leve sonrisa.
Creyendo que es fruto de su imaginación dominada por aquellos humos, decide no hacer caso a lo que acaba de ver.
Entonces vuelve de su letargo cuando ella se le acerca y le susurra al oido. "Dame un beso. La luna no dirá nada"
